3RA REVOLUCION

COVID-19: El Virus de la Solidaridad

Marzo 19 de 2020. Un día Jueves, pero muy distinto a cualquier Jueves anterior. Yo vivo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en un vórtice donde confluyen algunos barrios porteños: Palermo, Belgrano, Colegiales -y un cuarto que si bien no es un barrio, ha tomado la categoría de tal debido a su actividad gastrónomica y nocturna: Las Cañitas-.

No es un día común. Para los argentinos, como a tantos otros y otras ciudadanos/as del mundo, la realidad está siendo transformada. Hoy, nuestro Gobierno Nacional, junto a los gobernantes de cada una de las provincias que componen la República Argentina -veintitrés en total-, están decidiendo una cuarentena obligatoria por los próximos 10 días -de mínima-.

Otros países como España e Italia están sufriendo los estragos de este CoronaVirus (COVID-19) de una forma muy calamitosa, quizás, por no haber actuado en tiempo y forma. Italia superó los muertos ya que tuvo China -el 1er país donde se manifestó este virus- con unas 3.405 muertes desde que se desató este flagelo dentro de sus fronteras. Picos de hasta 475 muertes en un día. Y España con hasta 187 muertes en un sólo día, también. Un nano-enemigo, invisible, silencioso que nos engaña a la mayoría. No se hace presente, no presenta batalla, solo fluye entre nuestras manos, nuestras superficies, agazapado a la espera de su próximo «huesped».

Este es un nuevo virus, desconocido. Un «super virus», quizás. Logró insertarse de una manera muy inteligente en el centro de nuestras vidas. Su contagio crece a velocidad exponencial. Un signo de nuestros tiempos, donde lo malo pero también lo bueno tiene esa capacidad de acelerar a niveles que ni nuestras mentes, ni nuestros cuerpos y corazones, están acostumbrados. No hay vacuna, no hay barreras físicas, no hay ejercitos ni frenos que podamos ponerle. Sólo hay un antídoto: LA SOLIDARIDAD.

Parece una enfermedad que algún alquimista extraterrestre hubiera diseñado pensando en el estado actual de la Humanidad. Un mecanismo de expansión para el contagio, al cual estamos a merced, debido a como funcionan hoy nuestras mentes, y nuestro espíritu. Una Humanidad que sólo se mira su propio ombligo, que se siente omnipotente y omnipresente. Que ha logrado dominar la técnica a un nivel tal, que piensa que puede manipular a su antojo la Naturaleza. La solución, sin embargo, parece tan cercana, tan simple; pero tan dificil de alcanzar a la vez. Ese EGO, ese individualismo reinante es una gran barrera para poder hacer lo que hay que hacer: quedarnos en casa sin contacto con terceras personas. Simple, fácil, cualquiera puede hacerlo. Pero perdemos una de las cosas más preciadas: la «ganancia» económica. Nuestro credo mayor actual. Se «destruye» riqueza, se escucha decir en la mayoría de los medios de comunicación. Caerá la Economía Mundial en una grave crisis, un freno a ese crecimiento que se venía experimentando…

Sin embargo, la Naturaleza pareciera opinar lo contrario. Vemos como el smog en muchas ciudades empieza a ceder. Somos testigos como en Venecia -ciudad italiana-, en sus bellos canales, que aparecen cada vez mas con aguas cristalinas, ven surgir de sus entrañas, delfines; y en su superficie, navegar a cisnes…La Naturaleza se adapta, la Naturaleza prepara su campo fertil para esas formas de vida que se ven rezagadas -y muchas ya muertas o extinguidas- por la actividad económica del ser humano…

Estamos en una gran coyuntura, ante un gran desafío. Ni el dinero, ni la técnica nos sirven en esta batalla. Sólo la solidaridad puede salvarnos. El comprender que no debemos abarrotar nuestras casas de comida -por las dudas, y no dejarle nada al otro-, de geles o alcoholes -porque si no le dejamos nada al otro y se contagia, podrá contagiarnos en el futuro-, entender que tenemos que repartir y compartir la riqueza material que hay hoy y que vaya a quedar entre todos/as, en adaptar los procesos económicos y las deudas que queden, en saber que tenemos que acatar la decisión y forma en que podemos salir de esto: quedarnos en casa, todos y todas por igual, sin distinción de ingresos económicos, color de piel, nacionalidad, género. Esto nos vuelve a poner en un lugar de iguales, de ser todos y todas necesarios/as para poder salir de esto.

Nos llegó el VIRUS de la SOLIDARIDAD. Que es MORTAL, si no le hacemos caso. Si uno/a se cree con más derecho que otro/a. La Naturaleza ha tenido que llegar a este extremo, el de diseñar este mecanismo para que aprendamos, de una vez por todas, que nosotros/as somos nosotros/as y nuestra circunstancia, y que si no la SALVAMOS a ELLA, no nos SALVAREMOS a nosotros/as mismos/as.

 

Autor: Alejandro Sewrjugin. Imagen: rompeviento.tv

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