3RA REVOLUCION

La verdad sobre la huella de carbono del Bitcoin

Un estudio aparecido el 20 de Noviembre de 2019, en la publicación científica «The New Scientist» sobre el consumo energético -y sus fuentes- para mantener funcionando al Bitcoin, muestran la falta de objetividad y rigor científico de lo manifestado hasta el momento en muchas noticias aparecidas en medios de difusión masivos.

Susanne Köhler y Massimo Pizzol, de la Universidad de Aalborg (Dinamarca) hallaron en su estudio las inconsistencias en los números que se han vertido hasta el momento, sobre el impacto ecológico -huella de carbono- de la minería de Bitcoin -proceso necesario para mantener funcionando su Blockchain-. Se ha dicho desde que agrega 63 Megatones de CO2 por año a la atmósfera, hasta que sólo el hecho de minar puede tirar por tierra cualquier esfuerzo por paliar la emergencia climática y cumplir los acuerdos de baja de emisiones hechos al día de hoy…

La primera inconsistencia es la forma en que se consideró el impacto. Se tomó a China y su zona de influencia –principal generador de Bitcoins, por encontrarse la mayor cantidad de capacidad de procesamiento dedicada a minar, un 70% aprox.- y la manera en que se obtiene la electricidad, como un único ente. No se tomaron en cuenta las diferencias entre las diferentes provincias o regiones, y cómo genera cada una su energía…Sólo al tomar en cuenta esto -y la distribución del minado en ellas-, el número de 63 Megatones, disminuye rápidamente a 17,3 Megatones (y cita el ejemplo de la región interior de Mongolia, donde la electricidad en su mayor parte se produce a través de quemar carbón para alimentar a centrales; con respecto a la provincia china de Sichuan, donde se genera en su mayor porcentaje por centrales hidroeléctricas). La segunda inconsistencia, es que esta forma de medir el impacto es muy pobre. Hacer asunciones por Región y como se genera la energía en general, no significa que las personas y emprendimientos que funcionan en esas regiones, utilicen esa forma de energía o sea su única manera de hacerlo. Hasta que no haya información fehaciente de cada uno/a de los generadores de Bitcoin, es muy dificil llegar a un número final – y agrego yo mismo este pensamiento: que puede descender todavía más de los 17,3 megatones por la «propia lógica» de buscar la eficiencia e intentar lograr costo cero en la producción de energía, donde fuentes como la solar y eólica permiten desarrollar esas economías de escala-. La tercera, es que se dice que la rápida obsolescencia de los equipos de minado -por el incremento de la dificultad y otras cuestiones técnicas- también tienen un gran impacto en la huella de carbono producida -por la disposición de los mismos-. Hallaron que esto genera menos del 1% del impacto total que podría producir el minado en sí mismo. Me recuerda un poco a un programa de televisión argentino «Peligro Sin Codificar«, que tiene un sketch llamado «Hablemos Sin Saber«, en el que supuestos eruditos de diferentes disciplinas opinan de forma muy graciosa e ilharante sobre temas, mostrando su más profundo desconocimiento de los mismos.

Lo último que agrego de mi parte que hay que considerar -más allá de aspirar a lograr un minado que no contamine y/o que año a año disminuya dicho impacto- es que para poder medir su importancia, habría que compararlo con las emision de CO2 que produce el sistema bancario actual en todo el mundo. Ello incluiría no sólo a las máquinas y computadoras, sino también a todas las sucursales que mantienen su consumo eléctrico 24×7 en muchos casos y servicios -como la luminaria y cajeros automáticos luego del horario de negocios, y que podemos observar inclusive al interior de muchas de ellas como se dejan las luces encendidas por cuestiones de seguridad y/u otra índole-, cómo así también las huellas de carbono de todos los empleados/as que viajan a diario para concurrir a sus lugares de trabajo. Y analizar de qué fuentes de energía cada uno de estos procesos, necesarios para que las entidades bancarias funcionen, obtienen su electricidad -claramente, aquí, no hay un incentivo por reducir ese gasto, más allá del costo de la tarifa energética. En cambio el Bitcoin, al ser criptomoneda y tener un valor como dinero, si cumple con un incentivo de ese tipo, donde la emisión de moneda que pueda lograr una entidad está ligada de forma directa con dicha variable de costo. Es un «mindset» diferente, invertido o girado 180 grados-.

En definitiva, siempre hay que separar la paja del trigo; y saber contra que se contrasta algo. Esta cuestión del consumo energético del Bitcoin y su huella de carbono, es otra muestra más de cómo se puede manipular la opinión pública para ponerla en contra de algo, sin tener un sustento cierto, real; y sin siquiera saber cuánto es el consumo actual y daño del sistema imperante.

 

 

Fuente: The New Scientist (article: https://www.newscientist.com/article/2224037-bitcoins-climate-change-impact-may-be-much-smaller-than-we-thought/). Traducción y autoría de este post: Alejandro Sewrjugin. Imagen Superior: https://kryptomoney.com. Imagen siguiente: obtenida del artículo que figura como fuente aquí.

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One Response to La verdad sobre la huella de carbono del Bitcoin

  1. Otra gran mentira que llevan años contando es que con el Bitcoin se blanquean capitales. Siendo esto cierto, habrán quien lo haga, el dinero mundial en criptodivisas no supone más de un 4% frente al 96 % del resto de monedas FIAT, por lo que queda claro que de los 60 billones de dólares que se blanquean en paraísos fiscales al año, el 99 % sale de los Bancos tradicionales.
    Contar estas noticias de forma simplista es criminalizar las criptodivisas y manipular a las audiencias ¡¡

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